Como algo natural, formando parte de nuestra vida más cotidiana, se haya ese fiel compañero de higiene íntima personal: El Champú. Parece que ha estado siempre con nosotros y sin embargo es un producto relativamente joven. Cincuenta años nos separan tan sólo del uso popular de la pastilla de jabón.

Fred Winter en su Tratado de Perfumería y Cosmética (1) editado el año 1947, define los Champúes como "Preparaciones que producen una limpieza enérgica del cabello y cuero cabelludo. El mejor champú es un buen jabón neutro, que en forma de polvo contenga un tanto por ciento de un álcali moderado, como el Bórax o el Bicarbonato sódico". Eran los primeros tiempos del champú.
Aquellos champúes de primera generación se vieron mejorados en sus fórmulas con la incorporación de ciertos aditivos acondicionadores y más tarde con otros principios activos tratantes, correctores. También se corrige el Ph adecuándolo al Ph ácido del cuero cabelludo. Nacen los primeros champúes tratantes. Desde entonces la historia del Champú ha sido imparable.
Si Fred Winter levantase la cabeza y contemplara la actual realidad cosmética relativa al Champú se quedaría sorprendido por la evolución que ha tenido este producto en tan corto espacio de tiempo, convirtiéndose en un artículo de absoluta primera necesidad.

Desde un punto de vista profesional, he visto, he vivido directamente toda esta evolución; al menos la de los últimos treinta años. Desde la etapa en que al Peluquero había que "generarle" la necesidad de usar champúes de calidad y hacerle abandonar la idea del champú "corriente". Fueron tiempos difíciles, pero llenos de ilusión, en los que varios sistemas y métodos, yo diría que en buena simbiosis, convivían en el mercado: Cosmetología de Eugene, Kerastasse de L´Oreal, System Profesional de Wella, Método Capidermista de Rómbel, Henry Chenot... Hoy la lista resulta imperecedera.
Me pongo romántico sólo de pensar en mi humilde participación en todo este mundo que ha rodeado al champú. Felicito también al peluquero que tanto ha puesto en esta nueva realidad, quien ha acercado al gran público la necesidad de un cuidado en el trato con el cabello y por qué no, hacer con la mención un homenaje a todo el grupo de químicos, diseñadores, comerciales... que ha hecho del Champú, más que algo fundamental, casi una obra de arte.

Cabe reflexionar si ya está todo dicho, si por fin hemos llegado a la cúspide y mejorar no fuera ya posible. Es ahí, desde este ángulo objetivo desde el que debemos ver la realidad. Hay que mejorar resultados en Cabellos Grasos, Caída y hay que buscar nuevas opciones que dinamicen los sistemas de aplicación, optimizar el aprovechamiento de los costosos principios activos y de la propia estructura del Salón, que aporten respuestas a otras tantas preguntas aparentemente sencillas:
¿Por qué nos falta espuma en la primera fase de lavado y en la segunda nos sobra? ¿Por qué aplicamos principios activos con capacidad de "penetración" sobre cabellos y cueros cabelludos sucios? ¿No "vehiculizarán" la suciedad o como mínimo serán un estorbo para la higiene? ¿Alguien se aplicaría una crema de noche sin haber retirado antes el maquillaje de la cara? ¿Qué pasa con las siliconas no hidrosolubles? ¿Qué es un Sistema Micelar de Higiene Compensada?

No. No creo que todo esté ya dicho en el mercado profesional del Champú. El futuro está delante de nosotros y en un momento determinado pueden surgir cambios que rompan con la tradición, que abran, en base a nuevos productos, nuevos modos de interpretar los servicios, más lógicos y realistas. Desde luego, para ello, trabajo cada día.

(1) Tratado de Perfumería y Cosmética. De Editorial Gustavo Gili, S.A. 1947. Fred Winter.

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